"Muchacha en la ventana" de Salvador Dalí

"Muchacha en la ventana" de Salvador Dalí

viernes, 28 de febrero de 2014

La guitarra española se viste de luto

El pasado martes el mundo del flamenco perdía a una de sus piezas claves, en cuanto a guitarra española se refiere, el compositor y guitarrista, Paco de Lucía fallecía a los 66 años de edad. Numerosos han sido los reconocimientos que este artista ha recibido como el Premio Nacional de Guitarra de Arte Flamenco, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes o el Premio Príncipe de Asturias de las Artes.
Yo la verdad, es que tengo que reconocer que nunca fui una entendida en este arte, pero la casualidad quiso que lo conociese estando fuera de mi país, en concreto, en Francia. Estaba  yo realizando mis prácticas en el periódico francés L´Echo, cuando me encargaron hacer un reportaje y una entrevista a un grupo de artistas de flamenco de Granada que iban a venir a Limoges para participar en unas Jornadas sobre la Cultura Gitana y el Flamenco, con el fin de dar a conocer la cultura, y la forma de vida de este colectivo y luchar así contra la discriminación y la exclusión. Gracias a esa excusa, pude adentrarme un poquito más en este  mundillo. A partir de ahí comenzó mi labor documental. Estuve viendo películas y series sobre el famoso barrio de Sacramonte, cuna del flamenco; escuchando música de algunos de los artistas más célebres en este arte, entre ellos, Paco de Lucía. Estuve leyendo además sobre la historia, los orígenes y las características de este baile y cante tan pasional, que justo ese mismo año, había sido reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco.
Recuerdo que preguntando a Daniel Levy, organizador de las Jornadas, sobre qué significaba para él el flamenco, me respondía: “es algo difícil de explicar, hace falta escucharlo, sentirlo para entender”. Y es que desde que estuvo por primera vez con su mujer en Granada, en concreto en Sacramonte, en una cueva viendo bailar y cantar a algunos los artistas de flamenco más celebres de la zona, no han parado de visitar el sur de España con el fin de conocer la riqueza, la belleza y la pasión de la cultura gitana, para después darla a conocer a sus compatriotas. Yo, la verdad es que me sentía un poco inculta, viendo como un francés sabía más sobre esta cultura que yo. Y te lo narraba con una pasión y una emotividad, que daban ganas de conocer aún más esta cultura, de disfrutarla, de sentirla. 
Por eso, antes de finalizar mi reportaje acudí a ver el espectáculo “Los Gitanos del Sacromonte” dirigido por Curro Albaicín. Una de las tres representaciones que hicieron en la región francesa de Limousin y que fueron un verdadero éxito. Sentimientos tan íntimos y contradictorios como son la alegría y la tristeza a través de tangos, soleas, seguidillas o fandangos fueron interpretados por unos jóvenes bailarines pertenecientes a sagas de tan renombre como son los Heredias y los Vargas. Recuerdo que aquel día aplaudí como nunca, que salí de allí extasiada, pero sobre todo salí orgullosísima de ver como uno de los estereotipos españoles por el que más se nos conoce en el mundo entero, el flamenco, había cautivado y enamorado a un auditorio, que a partir de entonces se haría incondicional de este arte, entre aquellas personas, yo.
Foto cogida de la página web: http://www.lacajadepintura.es/portal/gallery.php?category=3

lunes, 3 de febrero de 2014

Medio siglo después y el mundo sigue igual, ¡qué lástima! pensaría Mafalda

Foto: Quino
Es curioso ver como uno de los personajes de cómic más adelantado a su tiempo, tan actual, cumple 50 años. Sí sí estoy hablando de Mafalda. Aquella niña de tan sólo 6 años de pelo negro como el carbón y con un lazito rojo en el pelo, que no nos ha dejado para nada indiferentes con sus reflexiones a través de las tiras cómicas bajo su mismo nombre del humorísta gráfico Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino.
Mafalda acompañada de Libertad, Miguelito, Guille, Felipe o Susanita nos han dado mucho que pensar y en variadas ocasiones, pese a que cada uno tenía su estilo. Pero quizás, cómo es lógico, era la protagonista la que se llevaba la palma. Mafalda, esa niña antisistema, de espíritu rebelde, inconformista y de marcada personalidad, es la que nos ha llegado más hondo por esa insatisfacción e impotencia que manifestaba cada vez que se relacionaba con el mundo adulto. Detrás de cosas banales como que no le gustase el fútbol u odiase la sopa, criticaba temas tan maduros y contemporáneos como son las guerras y las injusticias; los problemas sociales y económicos; la corrupción o el medio ambiente.
Representaba la clase media progresista de los años 60 en Argentina, pero sin embargo al igual que se podía extrapolar al resto del mundo, hoy en día podemos decir, que su mirada crítica y su mensaje cobran más fuerza que nunca y están presentes en el mundo actual, en pleno siglo XXI.  Ya que como relata su creador: “muchas de las cosas que ella cuestionaba siguen sin resolverse” en Argentina y en el mundo.
¿Cómo es posible que con tan sólo 6 años Mafalda tuviese esa mentalidad tan adulta?, o ¿acaso muchas veces la inocencia de los niños hace que a veces sean más listos y más sensibles ante la sociedad que lo que somos los adultos en algunas ocasiones?.
Yo, muchas veces pienso que qué razón tenía Mafalda con aquella frase “Paren el mundo, que me bajo” creo que más de uno lo diríamos en la actualidad con este mundo injusto, corrupto e insensible que nos rodea.